Hoy me detuve en el blog de Gallo, que recomienda A.R. calurosamente. La última entrada publicada mostraba una foto que ilustraba un proyecto, en Holanda, que puso a jóvenes a enseñar a mayores de 60 a manejar la compu para navegar por internet y comunicarse por correo electrónico.
Era la misma idea que había tenido y que me llevó a alentar a Lean a que diera clases a la gente que viene a la Escue.
Me regocijó. También comparé el poder de los tipos que podían hacerlo desde el estado, contando con una iglesia como aula y contratando a doscientos flaquitos, poniendo doscientas notebooks, los buzos todos del mismo color, tanto para profesores como para alumnos. Después visité la web del proyecto y, aunque los textos estaban en holandés me parecía entender por la emoción que sentía.
Le escribí un mail a Alejandro y le conté. Me prometió reenviarle el mail a Gallo para ver si me posteaba un comentario en el wblog. ¡No lo podía creer! No importa si no ocurre, pero... y si ocurre? Me dio vuelta la cabeza y comencé a pensar en reemplazar la radio por estos medios nuevos.
martes, noviembre 29, 2005
miércoles, noviembre 23, 2005

Contactar con José C. después de tantos años... Qué gusto! Parece que todo lo que alguna vez dije o hice volviera a mí con la intención de ayudarme a resolver mis miedos, mi supuesta omnipotencia, el imperio de no fallar, el compromiso con todos en vez de con algunos.
Un alivio, un gran alivio, por cierto.
viernes, noviembre 11, 2005

Vengo del campo.
Estuve sólo escasas dos horas allí. Acomodé cosas, hablé con el encargado que se rehabilita de una lesión en la rodilla, dí órdenes para él y para el peón, limpié el bidón de agua del auto que lo requería, hice un par de llamadas telefónicas, ayudé a trasladar cosas de una casa a otra y me fuí. Como siempre, con ganas de quedarme. Con planes de volver para estar "por lo menos dos o tres días". Últimamente se ha tornado difícil cumplir esta promesa. El trabajo en la ciudad cada vez es más cuantioso y más complejo.
El Solar estaba bellísimo: lleno de flores, a pleno sol. Un poco largo el pasto, pero con sus notas agrestes, de todos modos lindo. A veces me pregunto qué hago en la ciudad. Las respuestas acuden veloces, por supuesto. Pero lo que quiero decir es que por momentos siento que mi tiempo se pierde porque no estoy allí. La pregunta es por qué no vivo allí. Traje una foto para compartir. La agrego y sigo viaje.
jueves, noviembre 10, 2005

El Solar del Aguador es el lugar donde me encuentro conmigo misma. Camino por la tierra, sintiendo mis pies, me doy cuenta de que respiro y miro las plantas con atención. Conozco cada árbol, aunque no todos sus nombres. Sé que cuando aparece una flor blanca, azahares por ejemplo, otras flores blancas lo harán también. Jazmines, calas, magnolias y azucenas también. El tiempo del blanco es contemporáneo del rojo. Las mirtáceas, como el "limpiatubos" que en realidad se llama callistemon, y el "falso guayabo", cuyo nombre en latín no recuerdo.
Me gusta caminar por el campo aunque las distancias sean largas. Me gusta aunque varias veces deba recorrer los mismos lugares, porque me olvidé una herramienta por ejemplo.
No me agrada estar dentro de la casa. Me molesta cuando me llaman por teléfono y tengo que dejar lo de afuera por algún asunto de la ciudad.
A la hora del crepúsculo sí me atrae la casa y me parece confortable. Encuentro gratos sus grandes salones, en general no me agradan los ambientes pequeños. Hago un poco de música, sobre todo si estoy acompañada. Toco el bandoneón o canto un poco acompañándome con la guitarra. Si está Cristina, mucho mejor.
En cuanto cae la noche me da sueño, muy temprano si comparo la hora con la que suelo acostarme en la ciudad. Hace poco leí que, en contacto con la naturaleza, la oscuridad de la noche provoca la secreción de melatonina en sangre, lo cual lleva al sueño. Siempre me sorprenden los datos de las hormonas...
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