billete falso
terapias, no poder pagar
profe de piano
la gata se escapa
mail de guillermo
contacto con cristina córdova de camellia tés
amasar
nuevo medicamento antidepresivo
contacto con Cacho de "Hora Cero"
ocho grandes fiestas sagradas ocho
andar por la calle sin dinero
martes, octubre 31, 2006
lunes, octubre 30, 2006
domingo, julio 30, 2006
Es bueno haber aprendido a subir videos al blog. Hacía tiempo que lo deseaba. Realmente Leandro es un "as" enseñando computación a mayores de 50 años, como yo. A propósito, esta es Carlota, haciendo gala de equilibrio y ganas de jugar. Apoyada levemente sobre el monitor de la compu, juega con un adorno del cuarto de Magdalena, pendiente del techo.
sábado, julio 29, 2006
Aproximadamente un mes atrás, el domingo a la noche apareció un ratón en la cocina. Provocó pánico. Nunca habíamos experimentado algo semejante. Pedimos ayuda a un amigo, que vino a auxiliarnos pero, aunque lo vió -(confirmando definitivamente nuestros temores -guardábamos la lejana esperanza de que fuera un gato de la vecindad, al que hubiéramos confundido con su natural enemigo-)no pudo cazarlo. Tuvimos que irnos a dormir con la sensación de "casa ocupada".
A la mañana siguiente apareció un alimento roído sobre la mesada. Nuevamente el pánico, sumado al asco y la desesperación. Hablamos con el fumigador: dijo que si era una sola rata, o hasta dos, no valía la pena echar el veneno que él usa porque era muy riesgoso para la perra y aún para nosotros, y aconsejó que pusiéramos dos tramperas con queso. Haciendo caso omiso de nuestro terror aseguró que, al otro día, en la trampera aparecería el cadáver del ratón. No calmó para nada nuestra ansiedad. La sola idea de pasar una noche más con el ratón en la casa y, además, ir al día siguiente a constatar su defunción en la trampera, nos pareció repugnante.
Eran las siete de la tarde y teníamos que resolver rápido porque un grupo de personas esperaba nuestro trabajo. Pensamos en traer un gato. Mejor una gata, por aquello de que los gatos machos hacen pis en las paredes en forma de abanico y tantos cuentos por el estilo. Uno de nosotros opinó que las gatas por su parte lloran muchísimo cuando están en celo. Lo sabíamos. No solamente lloran: poco después de estar en celo tienen gatitos. ¿Qué haríamos con ellos? No teníamos respuesta para estos interrogantes: el pánico en cambio crecía al punto que para esa hora ya nadie quería entrar a la cocina ni a buscar agua.
Mientras Cristina comenzaba la clase, busqué afanosamente un aviso de veterinarias. Encontré varias que no tenían gatitos (ni gatitas) en venta. Algunos ya cerraban y otros no vendían animales: sólo alimentos balanceados. Me prometían una gata para la semana próxima: agradecí aún sabiendo que no los visitaría. Seguí la búsqueda hasta que encontré y, aproximadamente, cuarenta minutos después estaba de vuelta en casa con una bella siamesa de dos meses y medio.
Del ratón ya ni nos acordamos: Carlota nos salvó, con su sola presencia.
En el video, Carlota en uno de los inusuales lugares que eligió para divertirse. Un móvil que pende de un hilo desde el techo sobre el monitor de una computadora.
domingo, abril 30, 2006

Conozco un señor que es músico, bandoneonista, y también luthier de bandoneones. Tocaba en la sinfónica nacional y se ocupaba de “la luthiería”, como él dice, a ratos perdidos. Pasando el tiempo fue armando su taller e interesando a su mujer y a su hijo en a actividad y hoy su trabajo consiste en la afinación y la restauración de estos maravillosos instrumentos. Hace poco, sin embargo, volvió a estudiar guiado por un maestro, y mientras conversábamos acerca de tocar el instrumento, con frecuencia usó la expresión “a dedos”, “estar a dedos”. Decía:
- Voy a empezar a tocar temas recién cuando esté bien a dedos con el instrumento.
Me apasiona descubrir expresiones que pertenecen a mundos desconocidos. Luego suelo extrapolarlas en la conversación común o usarlas como parábolas para explicar diferentes cosas de la vida. Cuando Hugo había repetido varias veces aquella expresión le interrumpí:
- ¿“A dedos” -dice? ¿Qué quiere decir “estar a dedos”?
- “A dedos” es cuando uno ya ejercitó bastante tiempo la técnica, repasó mucho y siente que domina el instrumento, que lo puede. -Cuando está bien aceitado, -agregó.
lunes, abril 24, 2006
CAOS vs. COSMOS
Hace muchos días que habito el caos.
Me duele el corazón, no encuentro la salida a tantas preocupaciones sumadas.
Sin embargo, sostuve tres o cuatro conversaciones con diferentes personas que tiraron fuerte de mis brazos para rescatarme del pozo. Menos dolor ahora. Podría decir que el último sábado, ayer domingo, hoy... atisbo haces de luz, todavía muy delgados, que prometen mejorías.
Tengo miedo, siempre lo tengo. Está allí y, cuando puede, me acorrala. Pensar que tengo un corazón de león...! Aún así, suelo temer a muchas cosas. Demasiadas.
Hace muchos días que habito el caos.
Me duele el corazón, no encuentro la salida a tantas preocupaciones sumadas.
Sin embargo, sostuve tres o cuatro conversaciones con diferentes personas que tiraron fuerte de mis brazos para rescatarme del pozo. Menos dolor ahora. Podría decir que el último sábado, ayer domingo, hoy... atisbo haces de luz, todavía muy delgados, que prometen mejorías.
Tengo miedo, siempre lo tengo. Está allí y, cuando puede, me acorrala. Pensar que tengo un corazón de león...! Aún así, suelo temer a muchas cosas. Demasiadas.
viernes, abril 07, 2006

CRISTINA SOLOAGA en "PRIMERA CITA"
ABRIL 8, 2006
Soy Cristina Soloaga, Prof. de Expresión Corporal y técnicas corporales terapéuticas y expresivas. Hace muchos años trabajo, acompañando a mis alumnos a mejorar su relación con el cuerpo, con el fin de mejorar sus vidas.
Estas esperando un llamado, estás esperando una cita.
Cuántas veces te encontrás tirando líneas a través de distintos medios. Después te sentás a esperar. Querés que alguien te busque para sacarte de la soledad. Y yo te pregunto, ¿estás preparado? Claro, vos me podés decir que hiciste todo lo que tenías que hacer, cumpliste todos los pasos.
Si estás buscando agradar, ¿qué características personales tenés que atender para lograr este objetivo? Desde mi mirada, pienso que sería útil desenvolverte libremente con tu cuerpo, hablar con soltura, aceptar tu imagen cuando te mirás al espejo, acercarte a otro afectivamente sin que el miedo te paralice.
Empecemos por los dos primeros: desenvolverte libremente con tu cuerpo y hablar con soltura. Ambas características pueden relacionarse con el tono muscular. Se llama tono muscular al grado de tensión permanente que tienen los músculos profundos o posturales. El tono muscular tiene que estar equilibrado para que puedas mantener una apariencia saludable. Cuando esto no pasa y el tono muscular es bajo, te notarás con una actitud pasiva, con dificultades para responder a los estímulos que la vida te propone, con una sensación de inseguridad para sostener tu cuerpo y una emocionalidad lábil, o sea con dificultades de contener o manejar convenientemente las emociones.
Cuando el tono muscular es demasiado alto te mostrarás como una persona acelerada, a la que le cuesta esperar el desarrollo natural de las cosas, que habitualmente sufre de contracturas o siente su cuerpo rígido en general. A partir de distintas propuestas de aprendizaje podes percibir el cuerpo y equilibrar el tono muscular para recuperar tu apariencia saludable.
El tono muscular, la actitud corporal y la vida afectiva van juntos. ¿Por qué? Porque así se fueron instalando desde el comienzo de nuestros días y conforman esta persona que hoy somos.
Te recuerdo mi nombre: Cristina Soloaga. Soy profesora de Expresión Corporal egresada de la Escuela Nacional de Danzas. Cursé la Licenciatura en Composición Coreográfica en el Instituto Universitario de Artes.
Por si querés integrarte a una clase y ver cómo te sentís, te dejo mi teléfono:
4983-4294. Mi correo electrónico es crisoloaga@fibertel.com.ar

"PRIMERA CITA"
MICRO Nº 2
SÁBADO 8 DE ABRIL 06
Mi nombre es Graciela Berchesi. Soy psicóloga, trabajo como psicoterapeuta. Este aporte que hago semanalmente a “Primera cita”, tiene el fin de acercarle la posibilidad de reflexionar sobre el tema de las relaciones afectivas, de los vínculos entre las personas. Que son como el alimento del corazón, la energía que contribuye a acelerar -o retrasa, cuando falta- todo nuestro accionar. Cuando estamos enamorados, cuando sentimos atracción por alguien, parece que todas nuestras cosas cobran sentido, nuestros objetivos parecen más cercanos o menos difíciles y una dinámica distinta se instala en lo cotidiano.
A lo largo de la semana me ocupé de plantear a muchas personas la pregunta acerca de qué buscan aquellos que llaman a un programa que propone encuentros, que fue la pregunta de mi encuentro inicial con ustedes, la semana pasada. Obtuve respuestas muy diferentes. Algunos comentaron su necesidad de formar pareja, otros su deseo de contactar en busca de simple amistad, o compañía, otros me dijeron que la búsqueda se orientaba directamente a conseguir con quién relacionarse sexualmente.
Justamente en esta última respuesta me gustaría detenerme para formular hoy una nueva pregunta ¿qué significa el sexo, la relación sexual para cada persona? ¿Cómo entiende cada uno este encuentro fuerte entre dos humanos?
Algunos dirán que es una mera descarga de carácter fisiológico, una necesidad física como comer o dormir. Para otros, en cambio, tener una relación sexual puede significar un paso trascendente porque a lo mejor, cualquiera sea la edad, no lo han hecho nunca todavía. Hoy hay gente muy joven que ya ha tenido sus primeras relaciones sexuales y otra gente, de más edad, que todavía no, por razones que podemos asociar con la crianza, convicciones religiosas, circunstancias de la vida…
Habrá quien argumente el miedo como un factor que ha dificultado su acercamiento libre a otras personas. Los prejuicios. También hay voces que plantean el deseo, la atracción, como motivación suficiente para avanzar hacia un encuentro sexual. No les discutiremos. Aunque otra gente asegure que sólo tendría relaciones con una persona querida.
¿Y usted? ¿qué piensa? ¿qué diría si le preguntáramos sobre el lugar que ocupa en su vida la actividad sexual? ¿Cuánto esfuerzo destina, cuánta atención pone en conseguir una relación sexual satisfactoria y con qué frecuencia lo logra? Qué importancia reviste para usted este tema que hoy se trata en todos los ámbitos. En el hogar, en la escuela, en los lugares de trabajo, en los medios de comunicación…
También podríamos detenernos en las emociones que acompañan sus experiencias sexuales. Preguntarle si obtiene la satisfacción deseada, si siente que el vínculo con la otra persona resulta reforzado por la relación sexual, si su autoestima se eleva cuando tiene sexo… Cómo se siente pasadas unas horas, o al día siguiente, si le dan ganas de repetir la experiencia… y muchas cosas más. Es muy interesante este tema y podemos seguirlo el próximo viernes. ¿Qué le parece? Le dejo estos interrogantes para ayudarlo a pensar.
Soy Graciela Berchesi. Trabajo como psicoterapeuta. Si lo desea, puede consultarme sobre éste y otros temas que le provoquen angustia. Llámeme durante la semana, al 4983-4294. Se lo repito: 4983-4294
viernes, marzo 31, 2006

PROGRAMA "PRIMERA CITA"
MICRO Nº 1
SÁBADO 1 DE ABRIL 2006
Mi nombre es Graciela Berchesi. Soy psicóloga. Trabajo como psicoterapeuta. Fui invitada a hacer un aporte desde mi oficio para la audiencia de "Primera Cita" y estoy muy contenta de ponerme en contacto con ustedes.
A veces pienso que cuando intentamos por todos los medios encontrar a alguien, respondemos más a la sensación de soledad que a la necesidad de formar pareja, como a veces decimos.
Más aún, creo que no es la soledad como tal la que nos mueve. Un poco más adentro imagino el miedo a contactar con uno mismo. O sea, el miedo a encontrarnos con algo que casi no conocemos.
Sabemos que dentro de este ropaje, de este cuerpo que miramos bastante y conocemos poco, detrás de este rostro que mostramos hay alguien que anima toda la escena: alguien que, entre bambalinas, mueve los hilos del corazón y genera afinidades y rechazos: vos mismo, vos misma.
La idea que me animo a plantear es que la aventura de conocerse puede ayudar a que tu encuentro con otros sea realmente fecundo. Digo vivo, verdadero. Hallar una persona que te guste, que te dé alegría, que te complete, a la que puedas acompañar y querer, que te abrace y le importes, es algo tan excepcional que si de verdad quisieras que te pase, tendrías que prepararte un poco. No solamente de afuera sino también interiormente.
La persona que buscás va a recibir una impresión física, te va a oir por teléfono por ejemplo, o te va a ver. En el mejor de los casos que el encuentro resulte grato, va a querer saber de vos. ¿Qué le vas a contar? Si vos sabés poco de ese tema, porque no te preparaste bien...
A lo mejor tus últimos encuentros fallaron por algo de esto. Siempre podrás echarle la culpa al otro pero... ¿Sabés qué pasó en realidad? ¿Qué fue lo que hizo que la relación no siguiera adelante? ¿Será que tenés que aprender un poco más sobre vos para después poder tener a otra persona?
Yo podría ayudarte. Te recuerdo mi nombre, soy Graciela Berchesi. Trato a personas que quieren conocerse mejor para saber agradar. Para dejar de creer que el éxito depende de la ropa o del lápiz labial o del tamaño del auto.
Si te parece, comunicate. Estaré en mi lugar de trabajo, esperando tu llamada o tu mail. Mi teléfono es el 4983-4294 y mi dirección electrónica es berchesi@fibertel.com.ar
Siempre entendí la psicoterapia como un aprendizaje. Hace años que enseño a conocerse y a cuidarse para resultar querible, amable, deseable... Animate: escribime a berchesi@fibertel.com.ar o llamame al 4983-4294
martes, marzo 28, 2006

CHINA
Nuestra perra estuvo enferma la semana pasada.
En sus períodos de celo, dos en el año, suele hacer una infeccion urinaria. Con la ayuda del veterinario del barrio, que la atendió muy bien cuando cachorra, siempre lo resolvimos sin estridencias.
Esta vez se la vio primero muy cansada, luego afiebrada y dolorida, con gran dificultad para caminar y bajar la escalera para sus paseos diarios.
Excepcionalmente conseguimos que el veterinario mencionado la visitara en casa. Diagnosticó una severa infección, dijo que su útero estaba lleno de pus y que una inflamación que presentaba en una de sus mamas era un tumor de evidente malignidad. Que era probable que hubiera tomado ya su columna vertebral y por eso no podia caminar. "Nunca más bajará la escalera", -auguró. Y agregó: "lo lamento", mirándonos a la cara. Llorábamos, obvio. Le administró dos inyecciones, dejó indicaciones acerca de medicación y cambio de alimentos, y dijo que lo mantuviéramos al tanto por teléfono.
Le dimos los remedios y la cuidamos muchísimo. Sufrimos porque estuvo dos días en que no se movía ni siquiera para hacer pis. Si bien comía con ganas y bebía agua, nos desesperaba verla tan caída. Nos parecía que el calmante del dolor la dopaba, a pesar de que hasta el momento sólo le habíamos dado la mitad de la dosis.
Decidimos recurrir a la veterinaria que la atendió cuando tuvo cría, una especialista en ginecología canina. Ella indicó telefónicamente cómo obtener una muestra de flujo vaginal con el fin de determinar si realmente había una infección en su útero, o simplemente estaba en celo y haciendo la infección urinaria de otras veces. Seguimos sus instrucciones con cuidado y le acercamos la muestra. La examinó de inmediato y dijo que la perra estaba en celo. Que el antibiótico indicado estaba bien, no así el calmante que debíamos dejar de darle.Indicó volver a darle el alimento balanceado que consumía normalmente. Le agregó un gigantesco comprimido que mejoraría sus dolores articulares y pidió una fotografía digital de su mama, para intentar un diagnóstico diferencial entre hernia inguinal, mastitis o tumor. Se la enviamos por mail y esa misma noche descartó la hernia y se ofreció para venir a verla dos o tres días después.
China comenzó lentamente a mejorar. Al segundo día de tomar la medicación pudo bajar la escalera y normalizar sus funciones. Dos días después no fue difícil llevarla en auto al consultorio para que la médica completara el diagnóstico y nos hablara de tratamiento. Parece que lo de su mama es tumoral y habrá que operarla antes del próximo celo. Se irá confirmando el diagnóstico a medida que el celo pase totalmente y la mama recupere su forma. A pesar de la seriedad del caso, nos dio mucha tranquilidad y dijo que, con los cuidados propios, seguiría bien.
En total pasaron diez días. Duros, tristes, de miedo. Hoy se la ve bien, sale a la calle dos veces al día, el tamaño de su mama es normal y se mueve mucho mejor que al comienzo del cuadro, seguramente por acción del medicamento reconstituyente.
China tiene diez años. Es parte de nuestro hogar. La queremos tanto...
jueves, marzo 09, 2006

Varios días...
Hace varios días que no publico nada en mi blog. Voy a poner aquí algunas partes de mi texto sobre el Pucará de Tilcara. Un lugar misterioso, convertido en paseo turístico y que, aún así, conserva el aire de quienes lo habitaron hace cientos de años. El aspecto edilicio de Tilcara, las casas donde vive la gente del lugar, son muy parecidas a las que conforman el Pucará. Cuartos pequeños, puertas angostas y bajas, pocas ventanas y las que hay, muy pequeñas. Ladrillos del color del río, con mucha arcilla, como bloques idéntico en diferentes lugares del pueblo. ¿Qué es lo que atrae de Tilcara? Quizá la conservación de ese espíritu milenario, el silencio de su gente, la fiebre del carnaval que es ni más ni menos que una expresión de la identificación del lugareño con los ciclos naturales.
Un "Pucará" es un conjunto de construcciones, típico de la época precolombina. En el noroeste argentino, por donde anduve paseando hace poco, hay varios de estos antiguos complejos edilicios, en distintas localidades. Sus habitantes fueron los aborígenes, dueños primeros de aquellas tierras.
Quiero contarle que entre los más conocidos pucaráes de la zona está el de Tilcara, que actualmente se presenta organizado como un parque-museo para turistas, con boletería, personal de seguridad, días de entrada libre, carteles indicadores en cada sector, sitio de reunión destinado a festivales populares y paseo obligado para todos los que, como yo, eligen Tilcara como su lugar de residencia mientras recorren la zona.
Había leído cosas interesantes sobre la vida en estas ciudadelas indígenas, y fantaseaba alguna charla con lugareños, o que algún chico me guiara… Cosas típicas que me pasan porque no me agrada el título de “turista”, menos aún si ando por mi país. Le cuento que me regocija conversar con personas que vivan en los lugares que deseo conocer. Nunca rechacé una invitación a entrar en una casa, es más, con frecuencia me acerqué con la excusa de pedir agua y así inicié conversaciones. Siento que me enriquece ese intercambio.
El terreno propio del Pucará de Tilcara es irregular, con desniveles que acompañan el faldeo del cerro. Presenta habitaciones cuadrangulares, de techos y paredes muy bajas, construidas en piedra con muy poca argamasa. Aparecen colocadas a varios metros una de otra, alrededor de espacios abiertos como patios.
Los techos bajos, las puertas angostas y la falta de ventanas, llevan a pensar que sus moradores, pasarían la mayoría del tiempo a la intemperie y que sólo entrarían a esos sitios cerrados para dormir a cubierto. Me los imaginé de baja estatura.
Mientras caminaba, subiendo y bajando, sentía la fuerte presencia de los cardones. Así le llaman los lugareños a gruesos cactus, muchos de ellos de más de dos metros de altura, a cuyo conjunto denominan antigal.
Había escuchado antes la palabra "antigal" en distintas canciones sin que me produzca ningún efecto particular. En cambio,encontrarme allí, entre miles de cardones altísimos, me provocó emociones significativas mientras transitaba el Pucará. Llegando a Tilcara por la ruta había visto hileras de cardones al filo del cerro, como si desde arriba vigilaran el camino que trae a los extraños y se lleva a los conocidos. Recordé esas viejas películas del oeste donde el espectador descubría la fila de indios sobre el monte antes que los vaqueros. Las figuras alineadas, como aquí las de los cardones, agregaban tensión a la escena.
Entré a uno de los espacios que me llamó especialmente la atención. Además de las consabidas habitaciones presentes en dos de sus rincones, en la parte central podía verse una construcción distinta a todas, que parecía una mesa alargada y maciza, hecha de las mismas piedras. El cartel indicador sólo decía "templo". Me sentí invadida por una sensación extraña, como si algo hubiera cambiado en el momento de leer esa palabra: sin saber cómo, imaginé la presencia allí de algunos miembros del grupo que podría haber frecuentado estos lugares en el pasado.
lunes, febrero 13, 2006
LOS PERROS DE LAS CASAS VECINAS...
Los perros de las casa vecinas me molestan mucho. Hay uno que combina ladrido con llanto. Queda en el jardín por un par de horas a veces y no puede entrar a la casa. Nunca supe si se lo olvidan afuera o a propósito lo dejan porque no quieren que entre. La ventana de mi sala de trabajo, donde escribo y también atiendo a los pacientes, da a la calle justo enfrente de la casa de Pancho, un cocker spaniel manchado blanco y negro. Hay horarios, sábados y domingos a la tarde, por ejemplo, en que el ladrido-llanto de Pancho es acompañado por las voces de niños pequeños, que juegan a corretear por las veredas y cuyos gritos se escuchan claramente desde mi lugar. En días de semana, entre las diecinueve y las veinte, infaltablemente Pancho lamenta su exclusión de la vida doméstica.
También están Perla y Chocolate, madre e hijo, dos mestizos que viven en el tercer departamento del pasillo de planta baja de nuestro mismo edificio, y se niegan a registrar como conocida a persona alguna.
Ladran a cualquiera que transita por el corredor, así sean los mismos vecinos que pasan a diario, más de una vez. La mayoría de las veces que esto ocurre, sus voces incitan a ladrar a Raúl, el perro de la señora del fondo. Raúl es epiléptico, lo cual lejos de reducir su énfasis para vociferar al divino botón, por cualquier movimiento, parece haber incrementado aquella capacidad, llevándola al nivel de la exasperación.
Lo particular de Raúl es su voz gutural, como si proviniese de una garganta castigada por el cigarrillo, o de las cuerdas vocales de una docente con más de veinte años al frente de grado.
Con frecuencia suelo grabar las sesiones para que mis consultantes puedan volver a oír el diálogo que mantenemos, el modo como ellos mismos plantean sus cosas, mis propias opiniones, señalamientos o participaciones, porque me parece que esas escuchas pueden enriquecer la asimilación de los elementos terapéuticos. Me ha tocado atender a personas que padecían angustia, con un agregado de patetismo a cargo de Pancho y sus aullidos, desde la vereda de enfrente. He tenido que verter
mis asertos sobre la vida de humanos que confían en mis conocimientos, en el marco de un estrepitoso contrapunto de ladridos entre Perla, Chocolate y Raúl, que claramente atentaron contra mi lucimiento profesional. Todos estos sonidos acompañantes han quedado –claro está- grabados en los casetes de esas personas.
La mejor y una de las más caras ventajas competitivas de mi trabajo se ha visto, pues, invadida por los ladridos que casi convirtieron el contacto en un número de circo.
Los perros de las casa vecinas me molestan mucho. Hay uno que combina ladrido con llanto. Queda en el jardín por un par de horas a veces y no puede entrar a la casa. Nunca supe si se lo olvidan afuera o a propósito lo dejan porque no quieren que entre. La ventana de mi sala de trabajo, donde escribo y también atiendo a los pacientes, da a la calle justo enfrente de la casa de Pancho, un cocker spaniel manchado blanco y negro. Hay horarios, sábados y domingos a la tarde, por ejemplo, en que el ladrido-llanto de Pancho es acompañado por las voces de niños pequeños, que juegan a corretear por las veredas y cuyos gritos se escuchan claramente desde mi lugar. En días de semana, entre las diecinueve y las veinte, infaltablemente Pancho lamenta su exclusión de la vida doméstica.
También están Perla y Chocolate, madre e hijo, dos mestizos que viven en el tercer departamento del pasillo de planta baja de nuestro mismo edificio, y se niegan a registrar como conocida a persona alguna.
Ladran a cualquiera que transita por el corredor, así sean los mismos vecinos que pasan a diario, más de una vez. La mayoría de las veces que esto ocurre, sus voces incitan a ladrar a Raúl, el perro de la señora del fondo. Raúl es epiléptico, lo cual lejos de reducir su énfasis para vociferar al divino botón, por cualquier movimiento, parece haber incrementado aquella capacidad, llevándola al nivel de la exasperación.
Lo particular de Raúl es su voz gutural, como si proviniese de una garganta castigada por el cigarrillo, o de las cuerdas vocales de una docente con más de veinte años al frente de grado.
Con frecuencia suelo grabar las sesiones para que mis consultantes puedan volver a oír el diálogo que mantenemos, el modo como ellos mismos plantean sus cosas, mis propias opiniones, señalamientos o participaciones, porque me parece que esas escuchas pueden enriquecer la asimilación de los elementos terapéuticos. Me ha tocado atender a personas que padecían angustia, con un agregado de patetismo a cargo de Pancho y sus aullidos, desde la vereda de enfrente. He tenido que verter
mis asertos sobre la vida de humanos que confían en mis conocimientos, en el marco de un estrepitoso contrapunto de ladridos entre Perla, Chocolate y Raúl, que claramente atentaron contra mi lucimiento profesional. Todos estos sonidos acompañantes han quedado –claro está- grabados en los casetes de esas personas.
La mejor y una de las más caras ventajas competitivas de mi trabajo se ha visto, pues, invadida por los ladridos que casi convirtieron el contacto en un número de circo.
martes, febrero 07, 2006



ME GUSTA JUJUY CON TODA EL ALMA
Así se llama la canción y así volví, con este afecto profundo, este acercamiento a ciertas cosas de las que me siento parte. Como si mi país, palmo a palmo, fuera mi sangre, mi familia, y me moviera por él con toda seguridad.
Los miedos están en Buenos Aires, donde hago el esfuerzo de vivir diariamente y no consigo irme a dormir sin criticar la poca seguridad de mi casa. Poca seguridad ¿con relación a qué? Si mi vieja casa me aloja y me refugia todo lo bien que puede, si es grande para todas mis cosas, mis papeles, mis trapos, mis amores... Mi casa es como esta Argentina que recorrí hasta la punta y en un desborde del alma me fui hasta Villazón a buscar las especias, lo mismo que trajo a los conquistadores. Pero fui en son de paz, a contagiarme de la quinoa y el maíz. A que me arrebate el ají picante y los tamales me dejen preguntarme por las manos que hicieron sus nudos.
Comí el amor de los dulcecitos y bebí unos vinos tiernos y amarillentos. Me saqué fotos con los niños collas que quisieron acompañarme y le robé el alma a las cholas que se negaron a dármela. Que me perdonen. Quería traérmelas para ponerlas aquí, para que los que lean ésto las reconozcan y las recuerden. Les copien la actitud apasionada por los propios objetivos, pequeños tal vez, -para algunos quizá insignificantes- pero agrandados por el respeto con que ellas cada día los retoman, los caminan, los compran y los venden y nunca los regalan.
Viva Jujuy, viva la Puna, viva mi amada.
Vivan los cerros pintarrajeados de mi quebrada!
jueves, enero 19, 2006
sábado, enero 14, 2006
jueves, enero 12, 2006


UNA PERSONA VALIOSA
El día del amigo hago pocas llamadas telefónicas y el número de las que recibo es aún menor. No valoro tanto la amistad, parece. Me animo a escribir esto a pesar de que conozco la condena que acompañaría a mis palabras si ellas se conocieran. Sin embargo, en los últimos años me he permitido relaciones que me han dado profunda satisfacción, como la que mantengo con la persona que aparece conmigo en esta foto. Se trata de Rubén G., un hombre joven al que conozco desde los primeros años de su adolescencia, cuando yo ya había pasado los cuarenta.
El nuestro es un vínculo laboral aunque con tranquilidad digo que es afectivo también, porque amamos un ser vivo cuyo cuidado, crecimiento, desarrollo y progresos compartimos desde hace casi quince años. Me refiero al "Solar del Aguador", donde hago realidad mis ideas a través de la laboriosidad, el tesón, la inteligencia y la dedicación de R.G.
A lo largo de jornadas compartidas en el campo le he enseñado muchas cosas y muchas he aprendido de él. Pensé decenas de diseños de jardines que sus manos -que mueven la pala como si fuese un mondadientes- transformaron hábilmente en realidad. Por años esperamos juntos concreciones vinculadas a la vida de animales y plantas. Muchas de ellas satisfactorias. Lamentamos juntos abandonar la cría de cerdos, reparamos las consecuencias de caídas de árboles que amenazaban a construcciones o incluso a otras plantas. Aún hoy festejamos cada avance, cada transformación que lleva nuestra impronta. Hace muchos años que no enciendo un fuego importante sin su ayuda y últimamente con frecuencia le he confiado asados en los que me iba el prestigio. Suelo decir "Rubén es un hombre de campo", con todo lo que eso implica para un interlocutor argentino.
Querendón de esa tierra que siente propia, celoso de su puesto, Rubén siempre está.


VENDO EL AUTO
Muchas veces antes vendí autos. Pero esta vez la venta representa cosas relativas a cómo leo mi situación interior. Compré este auto hace tres años, chocado en el guardabarro delantero. Asi lo usé durante más de un año porque no podía hacerlo arreglar. Luego me recomendaron un chapista que me pasó un presupuesto inaccesible. Recurrí a otro, con menos pretensiones y, meses después, logré la reparación. Un nuevo tiempo. Parecía que mis propias heridas de años anteriores comenzaban a sanarse, a dar lugar a engramas propios de un renacimiento.
Confié. Avancé. Sólo pensaba en no equivocarme. Sabía que los errores jugarían en mi contra -todos y cada uno- de modo inapelable. Mis pasos se enlentecieron, aprendí a que no me importara tanto avanzar rápido. "Acertar" se transformó en la palabra clave.
Hoy estoy aquí. Aliento sueños, mezquino esperanzas, quiero más.
domingo, enero 08, 2006

LA VISITA DE CELSA
Recibí la visita de Celsa D. en el Solar del Aguador.
Se alojó en la "casa blanca", una vieja casona existente cuando nos hicimos del lugar.
Representó para mí agregar una buena dosis de satisfacción a cada una de mis llegadas al campo durante la semana que permaneció. Al bajar del auto, acalorada y aún marcada por el ritmo loco de la ciudad (que me parece que este enero no paró, ni siquiera se vació como en otros), la encontraba echada bajo la sombra de un árbol añoso, durmiendo sobre una lonita nueva, rayada multicolor, que seguramente compró días antes de su viaje, paladeando este uso. Sin querer molestarla, con sólo el sonido de la puerta del coche al cerrarse, solía despertarse y se acercaba a recibirme. De inmediato me regalaba datos sobre su estado de ánimo. Conmovida, emocionada, tocada y alegre de sólo estar, decía sentirse en su sitio. Viviendo la realización más concreta de un sueño alentado por años. Tan generosa en agradecerse, y a mí y a todos sus dioses esta posibilidad, me llenaba de expresiones de aliento para que continúe trabajando a fin de llevar este proyecto a su realización completa.
En una oportunidad llegué cerca de mediodía y compartimos el almuerzo. Estábamos solas. Cuando le propuse bendecir los alimentos que íbamos a tomar, se puso tan contenta que comenzó a relacionar lo que estaba pasando con las mejores cosas de su vida. Casi no comió, producto de la emoción. Narró sin pausa anécdotas que la hacían reir y también a mí.
Me hizo bien. Sentí que el esfuerzo de cada día, de cada elección, de cada emprendimiento relacionado con el campo, cobraba sentido en su plácida sonrisa. Prometió volver y ayudarme en las refacciones, indispensables, que tengo planteadas en la casa.
viernes, enero 06, 2006

Graciela Berchesi

Mientras no pueda editar mi perfil, emplearé este post para presentarme: Soy Graciela Berchesi, de profesión Psicóloga. Trabajo como psicoterapeuta desde hace muchos años. En 1984 fundé una Escuela de Autodescubrimiento que se llama "Escuela para el Desarrollo Armónico" y su sostén institucional es la Fundación Acuario, que presido desde 1986. En la Escuela desarrollamos técnicas y recursos para mejorar la calidad de vida, trabajando simultáneamente con el cuerpo, la mente y el espíritu. La Profesora Cristina Soloaga es cofundadora y se ocupa del área corporal. A mi cargo está el trabajo psicológico y la conducción de cursos de meditación dirigida, una técnica nuestra para abordar la dimensión espiritual, el contacto de cada quien con su propia interioridad.
Desde hace años difundo mi pensamiento a través de la radio, un medio que me parece fantástico para expresarme y llegar a mucha gente. Por esa vía he conocido a miles de personas que han pasado por mi consultorio y por la Escuela. Disfruto de la compañía de muchas de ellas y atesoro el recuerdo de muchas otras.
Este blog es para mí motivo de descanso y esparcimiento. En sus entradas anoto cosas que siento, que me interesan y que, por supuesto, deseo publicar.
Adquirí para la Fundación Acuario un predio en el campo, el "Solar del Aguador", donde viven mis sueños.
martes, enero 03, 2006
Entrenando humanos
Conocí a Tito Rodríguez cuando me envió por primera vez sus "Secretos del Mar", una maravillosa producción literaria pensada para entregas por correo electrónico, de sencillo y agradable desarrollo, donde rápidamente se advierte el amor del autor por el mar, al que reconoce como su maestro. Días después lo invité a "Una mirada singular", versión trasnoche: fue un programa memorable, donde Tito nos condujo -imaginariamente- al fondo del océano, como había hecho antes de verdad, con tanta gente, en los distintos mares del mundo. "Entrenando humanos" es un texto que me dio vuelta la cabeza.
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